
La semana pasada, cuando el ruido de las fiestas boirenses no tapaba las quejas vecinales porque sobre el escenario de la plaza de Galicia no estaban ciertas orquestas que escriben su nombre en letras de oro en el panorama gallego, no faltaba algún vecino de Cabo que se riese. No era una sonrisa burlona, pero sí bastante retranqueira. Además, acto seguido, iba la coletilla: «Tranquilos, para boas orquestas xa estará Cabo de Cruz». Quien hablaba sabía que, con Panorama y Olympus en la palestra, no habría ni protestas ni huecos libres en el campo. Y, la verdad, no se equivocaba. Solo así se puede entender lo que pasó anteayer frente a la lonja de O Castro. Simplemente, hay que decir que el sitio se quedó pequeño, ridículo, para el aluvión de pies que buscaban espacio.
El guión no fue perfecto. Ante una explanada de bote en bote, a Panorama le tocaba abrir fuego a la noche de música. La orquesta, que inauguró el pase con fotografías y música de Michael Jackson, demostrando que lo suyo es estar en la cresta de la ola, no pudo seguir. Se oía mal. Sin embargo, el pánico no llegó a cundir. Los compañeros de escenario, Olympus, se agarraron a los instrumentos y derrocharon arte mientras Panorama apuraba, a contrarreloj, una solución a sus problemas técnicos.
Remeros y reyes
Cuando Olympus ya había hecho mover el esqueleto a centenares, quizás miles, de personas y había dejado boquiabierto al respetable, por ejemplo, haciendo salir de un baúl a los artistas, tocó cambiar de músicos. Pero, antes, quienes subieron a la palestra fueron los auténticos reyes de Cabo; los remeros de la tripulación juvenil, que se ganaron al respetable a la primera. Tanta euforia no era para menos. Los jóvenes, a quien el presidente de la asociación vecinal A Unión entregó una placa, quedaron campeones de España de trainerillas. Así que, en solo unos minutos, lograron dejarle a Panorama un público con las manos calientes de aplaudir.
Luego, sí, por fin, llegaron ellos; esos dioses del espectáculo que lo mismo se lanzan encima de las cabezas del público agarrados a un aro que cantan a capela. Ahí estaba, encandilando con su Hijo de la luna, Panorama. Pasaron las horas, pasaron las canciones… Dieron las cuatro y en Cabo de Cruz seguía sin coger un alfiler.
El subidón que se llevaron algunos al ver su pueblo nadando en gente no fue pequeño. «Foi o fenómeno máis grande vivido en Cabo», decía un concejal de la parroquia. «Máis non podemos pedir», apostillaba la presidenta de los festejos. Y ambos pronunciaban sus palabras, ayer, justo en el momento que la Virgen del Carmen salía a hombros. Porque, Cabo, como cualquier pueblo marinero que se precie, ayer también seguía de fiesta.
Fonte: La Voz de Galicia
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